miércoles, 4 de noviembre de 2015

Videos porno caseros

Se acercó Tarzán de los Monos, y los piriodistas, intentando llamar su atención, le decían, ¡Greistok, Greistok! Y él los miraba como diciendo… tantos años labrándome una reputación y estos cretinos se creyeron la peli del Lambert.
Por allí estaba Napoleón Bonaparte, rascándose un pezoncillo y con cara de malhuele; también Mikey Rourke, con la expresión de haber sido él, el que provocaba la cara de malhuele de Bonaparte, pero diciendo, a su vez: el que primero lo huele, debajo lo tiene, Videos porno caseros.
Y Celia seguía sonriendo a todos…

La fiesta se animó y empezaron a pasar cosas extraordinarias: Jeremy, por ejemplo, empezó a bailar, y no lo hacía nada mal; uno que dice que es sevillano hizo un chiste y tuvo gracia; un piriodista deportivo contó una anécdota interesante sobre un deporte que no era fútbol; una nube pidió permiso para llover sobre la piscina, lo obtuvo y procedió, pero con tan mala puntería (era una nube beoda), que nos empapó a todsos los que nos habíamos alejado de la piscina; yo estuve simpático… en fin, una serie de cosas extraordinarias que sólo pueden darse en casa de aqui.

Porque Celia es su casa. Por eso su casa es la casa más grande del mundo, sin que esto tenga nada que ver con el tamaño. En casa de Celia cabemos todos. A todos se nos recibe, a todos se nos quiere y a todos nos encanta visitarla.

La casa de Celia es su corazón: grande, confortable, acogedor y original. Ayer celebraba su cumpleaños y ayer, de nuevo, volvió a cumplir (aunque no me dejaron acercarme a la bbq).

Hack facebook


Me meto en el baño con cierto resquemorcillo y, esta subordinada es sólo para evitar la conjunción ”e” que no me gusta nada, instintivamente, me palpo lo que podríamos llamar “mi virtud”. Parece todo en orden. Por las trazas, sigo siendo virgen de la puerta trasera, pero no puedo evitar frotarme casi salvajemente todo el cuerpo mientras me ducho. Llego a encontrar amoniaco y me froto con eso.

Salgo del baño y el Rodríguez sigue Hack facebook.

Me largo.

Han pasado 6 meses.
Estoy tomando un café en La Sombra de una Duda y Segundo, el barman, lee el Marca y con la mano derecha, en un gesto tan espontáneo como carente de gracia, se rasca las bolas.

A mi derecha, esa piriodista rubia, de piel Enlace morena, que cree estar buena pero que le pasa como a nuestro planeta, que está achatada por los polos y ligeramente inclinada sobre su vertical (el efecto anís); tiene las piernas cruzadas y un zapatito blanco se balancea en la punta del pinrelillo moreno, cubriendo sólo los fingers, mientras fuma un pitillo tras otro.

- Sé cómo te sientes... sí. Lo sé – me dice afectadamente la falsa rubia y le da una chupada pretendidamente sensual a su pitillo (fuma More, en fin...)

Entonces yo la miré. Fue un poético momento: quería estrangularla, pero del centro de la tierra surgió un estertor que me avisó: no es el momento. O, dicho en otras palabras: me dio el apretón.

Allí, en la soledad del water, con los calzoncillos en los tobillos y la cabeza despejada, meditaba sobre esto y aquello, cuando la piriodista entró con una libretita, y empezó a hacerme preguntas sin tener en cuenta mi posición de desventaja. Fue una entrevista desagradable, pero supe vadear el tema y salí airoso del percance.