miércoles, 29 de abril de 2015

Radio vale

Anoche tardé ( aún) más de lo usual en conciliar el sueño, y todo por culpa de Once, que estuvo minutos antes deleitándome con historias acerca del sonambulismo de su hermana. La verdad es que dada la fisonomía de nuestra Samara particular, verla en mitad de la noche tumbada bocaabajo en en el suelo de su habitación, en camisón y con la mata de espeso pelo negro hasta la cintura tapándole media cara mientras hacía chirriar de forma repetitiva el cajón con ruedas que hay debajo de su cama es una imagen que no pude quitarme de la cabeza en toda la Radio vale.

Aunque he de reconocer que, a la hora de dormir, yo solita soy todo un caso digno de estudio. Por lo general, tengo una cantidad de manías aceptable, sobre todo por el hecho de que no sufro paro cardíaco si no llevo a rajatabla alguna de ellas en un momento dado ( al contrario que mi padre, que sigue con vida sencillamente porque nunca ha renunciado a ninguna... y cuando digo nunca quiero decir nunca) Sin embargo, a la hora de acostarme ( en el buen sentido de la palabra) me convierto en una obsesa de toda una serie de pequeños detalles de obligado cumplimiento para mi necesario descanso, responsable de mantener mi cutis limpio y fresco cada mañana ( de lo que se deduce que amanezco todos los días con unas ojeras que puedo atarme debajo de la fuente)
http://radiovale-975.com.ar/

En primer lugar, no duermo en condiciones ( es decir, las ocho correspondientes y tardando menos de hora y media en caer en el sueño) si no lo hago en mi propia y acogedora camita. Da igual que se trate de mi sofá, de la cama de Once o de las camas de casa de mis familiares, en las que llevo durmiendo desde hace años. No hablemos ya de camas desconocidas e incluso improvisadas en pisos de amigas o compañeros de clase. Además, necesito silencio total y absoluto, y eso incluye la tele del salón, la radio de mi padre, las conversaciones en la habitación de al lado, y los ruidos procedentes de las visitas intempestivas al cuarto de baño en mitad de la noche. Todo me despierta, y la llegada del camión de la basura, las noches de lluvia o la misa que las sordas de las vecinas de abajo ponen a todo volumen el domingo temprano son para mí como maldiciones con las cuales Dios prueba mi santa paciencia ( aviso: Dios, mi paciencia es escasa, y además nada santa, así que tengamos la fiesta en paz) Como mi dormitorio es el más pequeño de la casa y dormir con la puerta cerrada me produce claustrofobia, lo de los ruiditos se convierte en un auténtico problema ( y dejo a la imaginación del lector el suplicio que supone dormir con otra persona al lado)

No hay comentarios:

Publicar un comentario